La crisis venezolana se encuentra en un punto de pausa que favorece al gobierno de Nicolás Maduro. A pesar de la presión internacional y las denuncias de la oposición, el oficialismo se mantiene firme semanas después de los comicios. El Tribunal Supremo ha certificado los resultados sin proporcionar las actas del escrutinio, lo que ha generado críticas incluso desde gobiernos latinoamericanos de izquierda. Mientras tanto, las protestas en las calles disminuyen, en parte debido a las más de 2,000 detenciones, replicando un patrón de crisis pasadas.
Analistas creen que este periodo de impasse beneficia al gobierno de Maduro, que utiliza una estrategia de desgaste basada en la represión y la espera de que la oposición pierda ímpetu. La falta de avances por parte de la oposición, sumada a la inactividad de algunos líderes opositores, está generando frustración dentro del movimiento.
La comunidad internacional, clave en la presión sobre el gobierno, también parece estar perdiendo interés, con otras crisis globales captando la atención. En este contexto, el régimen de Maduro no muestra señales de debilidad, mientras la oposición lucha contra el tiempo para mantener la movilización y el apoyo internacional.





