La música popular colombiana amaneció de luto. La muerte de Yeison Jiménez, ocurrida este sábado tras el accidente de una avioneta en Boyacá, no solo deja seis víctimas fatales, sino también un vacío profundo en un género que lo vio crecer, luchar y finalmente consagrarse.
El siniestro ocurrió minutos después de que la aeronave Piper PA-31 Navajo despegara del aeropuerto de Paipa con destino a Medellín. El impacto, registrado en una zona rural entre Paipa y Duitama, provocó un incendio que impidió cualquier posibilidad de rescate. A bordo viajaban el artista, miembros de su equipo de trabajo y el piloto. No hubo sobrevivientes.
A los 34 años, Yeison Jiménez se encontraba en la cúspide de su carrera. Venía de una participación destacada en la Feria de Manizales y tenía una agenda cargada de conciertos, incluido un nuevo reto: regresar al estadio El Campín de Bogotá, símbolo del alcance masivo que había logrado dentro de la música popular.

Nacido en Manzanares, Caldas, Jiménez fue el reflejo de una generación que encontró en sus letras historias de desamor, superación y orgullo popular. Canciones como Aventurero, Vete, Mi venganza y Hasta la madre lo convirtieron en una de las figuras más influyentes del género, conectando con públicos diversos dentro y fuera de Colombia.
La tragedia adquiere un matiz aún más conmovedor tras conocerse declaraciones del propio cantante, quien semanas atrás relató en televisión haber soñado en varias ocasiones con accidentes aéreos, incluso con uno en el que perdía la vida. Un testimonio que hoy estremece y que muchos interpretan como una dolorosa coincidencia del destino.

La Fiscalía General de la Nación abrió una investigación para esclarecer las causas del accidente, mientras los cuerpos fueron trasladados a Medicina Legal en Bogotá. Paralelamente, el país entero ha acompañado el duelo de la familia, especialmente tras difundirse el mensaje desgarrador de su hija en redes sociales: una despedida sencilla, directa y cargada de amor que resume el impacto humano de esta pérdida.
En uno de sus últimos mensajes públicos, Yeison Jiménez escribió: “Comienza el 2026, el año de la cosecha”. Hoy, esa frase resuena como un testamento involuntario de un artista que se fue cuando estaba recogiendo los frutos de años de lucha, dejando su voz sembrada para siempre en la memoria musical de Colombia.





